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Libros, ¿prestarlos o regalarlos?



¿Sabías que en el 2010 Google Books se dio a la tarea de hacer un conteo de la cantidad de libros que había en el mundo? Resulta que hace 10 años había hay más de 129,864,880 libros. A través del ISBN (Sigla de la expresión inglesa international standard book number) o, en otras palabras, 'número estándar internacional de libro', se realizó el conteo con un algoritmo especializado para descartar copias, mapas, videos y cualquier contenido clasificado diferente a un libro o revista. El resultado fue impresionante. La siguiente pregunta sería, ¿cuántos de esos han sido prestados o regalados?


Ahora, existen dos dichos populares con respecto al préstamo de la majestuosa sabiduría en versión papel. El primero dice: Libro prestado, libro perdido. El segundo, un poco más agresivo en lo personal, dice: Tonto es quien presta un libro y más tonto el que lo devuelve. *Dependiendo tu país de nacimiento, substituye el tonto por la palabra ofensiva de tu preferencia*

Analicemos un poco más ambos dichos partiendo desde el por qué seleccionas un libro de primera instancia. Cuando te decides por un libro es porque al leer su resumen, algo en ese pequeño conjunto de letras hizo click en tu interior, te identificaste y decidiste que formaría parte de tu biblioteca en casa. Lo empiezas a leer, te clavas y (la mayoría de las veces) lo terminas. Es tanta tu emoción y lo que aprendiste del libro que vas, como dicen por ahí, como gorda en tobogán compartiendo orgullosamente tu aprendizaje del libro y de repente tu BFF o compadre te dice: “¡Préstamelo! Yo también lo quiero leer”. Oops, dado que conoces bien a tu solicitante, ¿qué haces en ese momento? ¿se lo prestas a reserva que puede que sí o que no vuelva o se lo regalas de forma definitiva dejando ir ese pequeño set de hojas que te inspiraron tanto? ¡Qué difícil decisión! Aquí es donde aparecen en la escena los dos dichos previamente mencionados.


Veamos, dando por hecho que los dichos son verídicos y no fallan, si prestas tu libro, éste no regresará. ¿Qué de bueno puede salir de esto? Pues, tú ya leíste, ya sabes de qué se trata. Al entregar el libro a un nuevo lector, en automático y de forma invisible, compartes el conocimiento y lo distribuyes con alguien nuevo. No te quedas con él ni encierras la gran oportunidad de echar volar la imaginación al leerlo. De cierta forma, contribuyes a que más personas aprendan algo nuevo. Lo único es que “pierdes” un objeto y el dinero que pagaste por el mismo. Fuera de eso, pues ayudamos a que haya menos analfabetas en el mundo. ¡No suena mal la idea, eh!


El segundo, que de antemano arranca bien agresivo, dice que uno es tonto por prestar el libro y más tonto el que lo devuelve. En lo personal, creo que la persona que escribió o dijo esto hace varios años tuvo una experiencia muy poco grata. Igual y era un libro especial y le caló el tener que dejarlo ir y que (al parecer se lo hayan regresado). O sea, ¿cómo está la movida ahí? ¿Qué tiene de malo prestar un libro? Más aún, ¿por qué es tonto devolver un libro? Poniéndonos en modo filosófico, tal vez el hecho de que el libro se va y regresa a su lugar de origen hace que se cierre un ciclo en todos sus 360 grados y pues es como si nada hubiera pasado. Yo más bien  diría que el que vuelva está perfecto, de esta forma, lo puedes volver a prestar y repetimos el ciclo.


Ahora que lo pienso, ambos dichos tienen una verdad parcial y relativa. Es muy probable que en su momento, la sociedad vivía bajo otros principios, valores y necesidades. Tal vez se había un hambre de conocimiento o un hambre de verdad y se podía intercambiar un libro por un pedazo de pan y por eso nunca regresaban los libros. Por lo mismo, tonto en dejar una oportunidad de vida con el libro y tonto por regresarlo privándose de otra oportunidad diferente. Caray, creo que esto sí se puso interesante.


En algo que sí podemos concluir es que un libro, más que un montón de hojas, letras y tintas, es una ventana a otro plano de conocimiento. Quién dice que el siguiente lector puede encontrar ese pedazo de información o inspiración que le faltaba para concluir su obra maestra y todo gracias a que llegó a sus manos un libro. En ese caso, que bueno que ese libro no regresó.

Para cerrar, yo más bien me atrevo a decir que Sabio es quien presta un libro pero más sabio es quien lo devuelve. Ahora que si libro se regresa patrocinando un café al atardecer durante el otoño, más sabio aún. Por cierto, me gusta el café negro sin azúcar.


Ah sí, pregunta obligada, ¿cuántos cafés acompañados de libros has patrocinado? 


Por: Iris Rangel

@irizrangel

#libros #Lectura #Librosprestados

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